Ynnhië
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Generalidades
EL Mundo de Ynnhië es vasto, muy extenso; en él conviven criaturas de razas muy distintas, generando culturas de características muy diferentes. Al igual que una persona de Nueva York no ve el mundo, ni vive una vida semejante a la de una persona del África más profunda, los habitantes de Ynnhië presentan una amplia variedad de aspectos, y sus niveles de civilización pueden estar sumamente lejos unos de otros.
La sofisticada Oniria (que podría encajarse en un siglo XVIII, quizá incluso un inicios del XIX, con aspiraciones de desarrollar un futuro científico y tecnológico independiente de la magia), tiene poco, muy poco, que ver con el tipo de vida brutal de Um, en el que los semiorcos pastorean a los humanos, convertidos en grandes masas de ganado sin apenas capacidad para resistirse, tras tantos siglos de brutal sometimiento, o, más allá, la forma de vida que adoptan hombres y bestias donde la tierra conocida termina en el extraño Imperio de los Minotauros. Entre ambos, tenemos Alalakh, un medievo mágico atrapado en el tiempo por su propia dependencia de la magia. Y, en los confines más remotos, el Imperio Alaban, del que poco se sabe, a excepción de algunos datos sobre los continentes que lo componen, y que tienen enemigos muy poderosos.
Lo único realmente constante, en todos ellos, es la magia, y, por supuesto, ésta puede presentarse de formas muy diversas.
Continentes de Mundo Ynnhië
Historia de Mundo Ynnhië
Ruinas localizadas en algunos puntos, y ciertas tradiciones sin un respaldo concreto, hacen suponer que, en algún momento de un pasado muy remoto, todas las tierras de Ynnhië formaban parte de un único continente, absolutamente gigantesco.
Esta inmensa pangea estaba supuestamente poblada por una civilización sumamente sofisticada que alcanzó altas cotas de conocimiento, tanto arcano como científico, y formaba el asombrosamente rico Reino de Ynnhië. Según se dice, en sus ríos brillaba el oro, al alcance de las mano de cualquiera, los campos eran sumamente prolíficos, y en sus altas torres de marfil los magos elaboraban conjuros tan poderosos, que toda la magia actual no es más que un juego de aprendices, en comparación.
Por supuesto, todo esto puede que no sea más que exageraciones, hermosas palabras para referirse con nostalgia a un Paraíso Perdido. Todos venimos de Ynnhië, dice un antiguo refrán. Y todos lo perdimos. Algunas Iglesias lo asimilan a un castigo, algo maravilloso que nos fue arrebatado por nuestra avaricia, nuestra soberbia, o en casos más asombrosos y aberrantes, nuestro deseo de conocimiento, como si el saber fuera fruto de un anhelo mezquino y ególatra, y la ignorancia nuestra condición natural, e ideal. Plantean para ello, siempre, sus propias leyendas, que no dejan de ser fruto de su imaginación interesada.
En realidad, nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurrió, aunque casi todas las leyendas unifican el hecho de la separación de las tierras con el cataclismo que terminó con aquella civilización. Fuera lo que fuese que ocurrió, ciertamente el terreno se dividió en los continentes que conocemos en la actualidad, y el mítico Reino de Ynnhië desapareció en la vorágine de los tiempos perdidos.
Sin embargo, pruebas más tangibles, como las ruinas del Reino de Ynnhië localizadas en Rinkaliast, no lejos de Nawiewiel, hacen suponer que los supervivientes del holocausto pudieron seguir adelante, formando, sus poblaciones escindidas, núcleos propios que evolucionaron a su propio ritmo. Lo ocurrido en Rinkaliast (muchos textos relatan cómo hallaron una criatura, un ser de antiguas épocas que demostró ser sumamente poderoso, y que dio lugar al fin de su civilización), puede estar relacionado con ese hecho que acabó con el Reino de Ynnhië, o indicar, por su parte, la posible existencia de una civilización más antigua aún, y, por lo que se ve, más mortífera.
En cualquier caso, faltan datos, y quién sabe, quizá los actuales habitantes del mundo puedan algún día conseguirlos y encajar todas las piezas, si sus propios problemas cotidianos se lo permiten. A su manera, cada continente derivó en los mares de la Historia, y dio lugar a su propia idiosincrasia. La que mejor conocemos es la de Oniria, pero todas ellas poseen su propia riqueza.
Mitología del Mundo Ynnhië
En un mundo tan extenso, y con tan pocas comunicaciones entre sus culturas, tan dispares, es lógico que los mitos, las leyendas, y las devociones, sigan líneas distintas, aún surgiendo de planteamientos similares.
Cierto que, como mundo mágico que es, en Ynnhië, dioses, semidioses y espíritus de todo tipo tienen una existencia real, aunque apenas, o nunca, interactúan con los mortales. El ateísmo propiamente dicho resulta absolutamente impensable. Un hombre puede no adorar a ningún dios, pero no puede de ningún modo negar su existencia. Sería tan absurdo como negar que existen un cielo y una tierra, teniendo ésta bajo los pies y otro allá en lo alto.
Dicho esto, es cierto que para los dioses y demás entidades superiores hay muchos nombres, y los mortales los ven de muchas formas; quién sabe, puede que, dependiendo del lugar, se llame de manera distinta a quienes, en realidad, son la misma entidad, o puede que, simplemente, sean muchos y haya alguna clase de acuerdo en el reparto del mundo conocido. Ambas opciones son perfectamente posibles, incluso aunque se considere que la forma de ver un dios en concreto es diametralmente distinta en Tournemassy o en la lejana Arcana, capital de Alalakh. Estamos, simplemente, hablando del modo en que los mortales lo perciben, algo que no tiene nada que ver, muchas veces, con cómo es en verdad el dios.
La mitología más conocida (con sus famosísima cosmogonías, el Ennhû Elîsshe, que contiene la referencia a la pangea previa a la escisión de las tierras en continentes, y le da su propia explicación, y la Cosmogonía de Oniria, que no explica mucho pero revela un profundo ánimo filosófico) es la de Oniria, aunque no nos es extraño el planteamiento de Alalakh, con su Emperador Saeteen, el Gran Enemigo, y sus Trece Hijos, todos ellos Príncipes de gran poder. De ellos deriva todo el poder del resto de los seres. Son quienes otorgan los hechizos y quienes controlan férreamente su uso. O eso aseguran.
A su manera, esto nos lleva a pensar en el sistema del Imperio Mittani de Oniria, con su Dios Emperador, pero en realidad son muy distintos. El Dios Emperador Mittani es el núcleo mágico de toda su civilización, viendo y oyendo a través de ojos y oídos de sus súbditos, y controlando sus mentes. El Gran Enemigo, puede hacer eso, sin duda, pero si es cierto lo que dicen, su poder llega mucho, mucho más lejos...
Menos datos poseemos de la lejana Um, donde, al parecer, se tiende a confundir simples portentos naturales con manifestaciones de entidades superiores. Algo lógico, en realidad, en una civilización más encaminada a la fuerza bruta y al desarrollo físico, que al mundo del pensamiento. A qué o quién pueda adorarse en el Imperio de los Minotauros, o en costas aún más lejanas, lo desconocemos por completo.
¿Quién puede saber lo que piensa un dios?. ¿Y quién puede jactarse de conocerlos?. A lo más que podemos llegar es a plantear cómo los ven los mortales, siempre tendiendo a darles su propia explicación, que no deja de ser tremendamente limitada.

