Princesa de Doreldei

Princesa de Doreldei. Fantasía. Juvenil. Díaz de Tuesta

  • Princesa de Doreldei
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Novela Juvenil. Más de 14 años.

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Sinopsis

Una vieja advertencia pendía sobre los distintos pueblos de aquel mundo mágico. Estaban escritas en un promontorio rocoso, la llamada Piedra Negra, desgastada por los siglos y por el viento perpetuo que azotaba aquella cima. Se alzaba justo, justo, en el punto céntrico entre los diversos reinos en que se dividía el poderoso Imperio de Olviann: Doreldei, de los humanos, “Brillo–en–el–Bosque”, de las hadas, Gontar–Uluk de los gigantes, Riekavik de los enanos, “Mar–en–Calma”, de los Marinos, y Saray de los Seres Alados.

El texto, rezaba así:

Hadas y Humanos, Gigantes y Enanos,
Marinos y Seres Alados,
Vivirán,
Como el agua y el aceite, separados,
Como el Cielo y la Tierra, alejados.

Mientras la Guerra amenace quebrantarlos
Y siembre de muerte los campos,
Seg…

El resto resultaba ilegible. Las runas estaban tan borrosas que era difícil distinguir, de hecho, que había habido una inscripción alguna vez…

Pero, cuando el Rey David de Doreldei y la Reina Lisandra de “Brillo-en-el-Bosque” vulneraron la prohibición, enamorándose, desataron funestas consecuencias…


Los Reinos viven separados, desde la profecía de la Piedra Negra. Y, bajo el gobierno del rey David, los humanos han prosperado, y conocido la paz. Sin embargo, los dos hijos del rey han muerto, y no queda nadie para asumir la herencia del trono: a menos que reconozca haber tenido una relación prohibida con la Reina de las Hadas, de la que nació una niña, llamada Judith Laxcaut.

Y Aldric de Molina, el joven escudero hijo de un traidor, lleno de amargura y deseos de limpiar el buen nombre de su padre, se ve convertido en el protector de la joven, en su peligroso viaje hacia el Reino de Doreldei.

Texto de muestra

Fue tan profundo, tan intenso, el amor que sintieron de inmediato el uno por el otro, que se atrevieron a desafiar la vieja advertencia que pendía sobre los distintos pueblos de aquel mundo mágico.

Hadas y Humanos, Gigantes y Enanos,
Marinos y Seres Alados,
Vivirán,
Como el agua y el aceite, separados,
Como el Cielo y la Tierra, alejados.

Mientras la Guerra amenace quebrantarlos
Y siembre de muerte los campos,
Seg…

El resto del texto resultaba ilegible. Las runas estaban tan borrosas que era difícil distinguir, de hecho, que había habido una inscripción. Si el deterioro se produjo por el paso del tiempo, o por obra de alguien que no deseaba que lo allí escrito se hiciese público, nadie lo sabía.

A lo largo de los siglos, en los diversos reinos, se habían propuesto numerosas soluciones al enigma, por puro divertimento. Había quién aseguraba que en las líneas que faltaban se planteaba una profecía. Seguirían así, hasta que pasara tal cosa, o hasta que tal individuo apareciera. Era una idea que no gustaba mucho, por lo general. Como suele ocurrir con los mundos en los que de verdad existe la magia, las profecías sobre grandes héroes que llegarían justo a tiempo de salvarlos a todos, resultaban muy habituales. Por eso, y porque resultaba imposible de probar, se preferían otras soluciones, algunas quizá demasiado estrambóticas. El mismo número de gente suponía que sólo faltaba una conclusión puramente poética, e incluso los más bromistas aventuraban que daba igual lo que fuera, pero que sin duda rimaba en os.

Pero, en cuanto a lo que importa para esta historia, el Rey David de Doreldei y la reina Lisandra del País de las Hadas, olvidaron por completo esas palabras, escritas en un promontorio rocoso, la llamada Piedra Negra, desgastada por los siglos y por el viento perpetuo que azotaba aquella cima. Se alzaba justo, justo, en el punto céntrico entre los diversos reinos en que se dividía el poderoso Imperio de Rhinnië: Doreldei, de los humanos, Brillo–en–el–Bosque, de las hadas, Gontar–Uluk de los gigantes, Riekavik de los enanos, Mar–en–Calma, de los Marinos, y Saray de los Seres Alados.

Las olvidaron, o las ignoraron, y eso que estaban atribuidas a los dioses.

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