Año 843. Arturo Owender

TERCERA ÉPOCA

Año: 2009

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(anotaciones a lo largo del año 843)



Ha llegado a Aisildur una dama, hermosa y extraña. La llaman La Hexena, y la admiran, cómo evitarlo es… es perfecta. Afirma ser Natalia Duquet, y tener derecho a la fortuna y el nombre del linaje. La he conocido en palacio, me ha buscado en medio del tumulto y ha pedido mi ayuda para invertir en distintos negocios de la ciudad.

Su piel tenía un rubor rosado, toda ella emitía un aura de vida, de salud…

Estaba muerta.

Lo sé, me lo dice mi instinto de Owend’Aruum. Está muerta. Y me estaba retando. Me ha pedido que nos veamos en el paseo, cerca de la Puerta del Cementerio. Tiene sentido del humor, la revenante.

Su dama de compañía, Tamjira du Mourier, me ha atraído mucho más. Y eso que también está muerta. Definitivamente, la vida es una broma perversa. Tamjira me ha mirado, me ha sonreído, he tenido la impresión de que ambos nos conocíamos, que podíamos llegar a conocernos. Ha sido un vínculo de simpatía y atracción.

No debo olvidarlo. También está muerta. Yo soy el que soy…

He buscado información sobre los Duquet. En su origen, el linaje viene del Herzbrück, vinculándose a los Arym en tan lejanas épocas que ahora pueden alardear de una pureza de sangre completa, pero poco más se sabe. El nombre que da la mujer, sobre su padre, Baltasar Duquet, no consta en los archivos familiares.

Por supuesto que iré.

Tamjira me ha visitado esta noche. Me ha avisado. ¡Como si hiciera falta!. Me ha dicho que los grandes males no siempre pueden ser erradicados. Me ha hablado de la Línea Negra, y de Baltasar Duquet, allá por el año 100.

Me he acostado con ella, sí. ¿Cómo evitarlo?. Pero no he probado su sangre.

Tras leer el diario de Isaias Owenderum, correspondiente a la época que me dijo Tamjira, he avisado a Santiago. Si lo que sospecho es cierto, la Orden debe estar al tanto.

(una anotación posterior, y la última, de hecho. La letra está como alterada, aunque es reconocible)

Fui yo quien encendió el fuego, vi cómo ardía. Había sido mi amigo, pero quiso matarme, y a ella.

Loco. Absurdo…

© Yolanda Díaz de Tuesta

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