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Por Diaz de Tuesta - Anuncio Publicaciones, Literatura, Novelas, Relatos, Terror - 15/feb/2012
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Flora duerme en el bosque
Por Diaz de Tuesta - Concursos Literarios, Concursos Relatos, Generales, Literatura, Mis Relatos, Mis relatos - Realismo, Relatos - 1/sep/2010
El verano en que cumplí trece años, mi madre y yo vivíamos en un pueblo muy pequeño, en el que nunca parecía pasar nada. Quizá por eso suscitó tanto interés la noticia de que el hombre que había alquilado la vieja casona era detective. ¡Un auténtico detective, como los de las películas! ¿Estaría investigando algo? ¿Un crimen del que aún no teníamos noticia? La llegada de Ricardo Barea atrajo la atención de todos, incluso la mía, que por aquella época me había enamorado por primera vez, y hubiera debido estar más pendiente del chico de mis sueños, Alberto, el hijo del alcalde. Pero, si de verdad Barea era detective, cosa de la que pronto empezó a dudarse seriamente, no daba la talla ni de lejos. Los detectives siempre estaban rodeados de un aura de misterio, de glamour, como afirmaba mi amiga Flora. Usaban sombrero y gabardina, y siempre tenían cerca una chica, vieja como de más de veinte años, cierto, pero tremendamente guapa, y de largas piernas, y todo eso. Ricardo Barea no llevaba sombrero, ni gabardina, y había llegado solo. No parecía estar investigando nada, porque salía poco de la casa, situada ya en las afueras, y únicamente iba al centro del pueblo cuando tenía que hacer alguna compra. Yo solía cruzarme con él en el bosque, y en cierta ocasión le vi en las ruinas de la ermita, hablando con mi madre. Era un hombre extraño o, mejor dicho, había algo extraño en su mirada. El golpe de gracia para su popularidad lo dio la noticia de que en nuestro país los detectives no tenían realmente permiso para investigar crímenes. No se les dejaba buscar al asesino, ni estudiar las pruebas, como en las películas. – Son pobres diablos, gentuza. Sólo se dedican a temas de Aseguradoras – explicó don Evaristo, el alcalde, en el bar. Nos miró de reojo a Flora y a mí, que merendábamos en nuestra mesa del fondo, y añadió, con tono más bajo: – Y, bueno… asuntos personales, ya me entienden… – Asuntos de cuernos – me susurró Flora, y ambas reímos – Ni caso, Blanca. Digan lo que digan, Barea es el más interesante de los adultos del pueblo. Incluso podría decirse que sigue siendo guapo. La maestra está loca por él – abrió la boca para añadir algo, pero volvió a cerrarla. No fue necesario, supe lo que estaba pensando. También mi madre estaba loca por él. Y yo quería odiarle. ¡Tenía tantas cosas en mi cabeza aquella medianoche de finales de agosto, cuando me escapé sigilosamente de casa, porque Flora me había citado en el bosque…! Nunca quedábamos tan tarde, y menos fuera del pueblo, pero insistió tanto que accedí. Flora llevaba algún tiempo actuando de un modo misterioso, desapareciendo durante horas o manteniéndose extrañamente taciturna. Yo sospechaba que también se había enamorado de alguien, incluso pasó por mi mente el nombre de Barea. Esperaba que, esa noche, decidiese revelarme su secreto. Pero, al llegar al sitio, me topé con su cadáver. Lo primero que vi fue la luz, claro. Su resplandor amarillento me fue guiando en la distancia. Pensaba que era la linterna de Flora… pero cuando llegué al río la descubrí allí, tumbada en la hierba, cerca de la orilla. Al principio, creí que se había quedado dormida, algo que no me hubiera sorprendido, a semejantes horas; sólo tras un segundo vistazo descubrí que tenía la cabeza apoyada sobre una piedra, como si se hubiese desnucado por una mala caída. Su vestido blanco parecía refulgir con la luz de la linterna que alguien sostenía a baja altura. Dirigí la mía hacia allí, instintivamente, y reconocí al señor Barea. Estaba acuclillado junto al cuerpo, estudiándolo con atención, pero alzó de inmediato la cabeza. – No mires, Blanca – me ordenó. Se puso en pie – ¿Se puede saber qué haces aquí a estas horas? – no contesté, no tenía voz, ni conseguía centrar la mente en nada. Debió darse cuenta de cómo me sentía, porque se apiadó de mí – Tranquila. He llamado a la policía, no tardarán en llegar. Tendrás que esperar aquí conmigo – asentí, y bajé la pequeña cuesta, tratando de no mirar más a Flora. Sus ojos de cristal me daban miedo – Ten cuidado, no pises ahí – señaló el suelo, en el barro tierno cercano al río, con el haz de la linterna – Hay una huella – miré hacia allí, y no pude evitar un sobresalto – ¿Ocurre algo? – No… – susurré, los ojos fijos en la huella, bien marcada, del pie derecho de unas deportivas. Conocía aquel dibujo, y aquella talla de zapato. Flora y yo las habíamos encontrado muchas veces por el bosque. Eran las deportivas de Alberto. – ¿La has reconocido? Sí, claro que sí. Y yo también – el señor Barea agitó la cabeza – Lo siento mucho, niña. Sé que estás… interesada en él. Te he visto, sé cómo le miras… ¿Por eso estás aquí? – esperó un segundo. Como no dije nada, continuó: – Supongo que sí. No creo que tu madre sepa que has salido a estas horas. Te has escapado, habías quedado con él… – ¡No! – me ruboricé – ¡Yo… nunca hubiera hecho eso! ¡Había quedado con Flora! ¡Me dijo que quería mostrarme algo! – Con Flora. Vale – chasqueó los dientes – Entonces, puedo hacerme una idea de lo ocurrido. – ¿Qué? ¿Qué ha pasado? – Flora y tu amigo mantenían una relación… – abrí desmesuradamente los ojos y agité la cabeza, incapaz de creerlo – Lo sé con toda certeza, créeme, les vi la otra noche… – se interrumpió, buscando una forma mejor de decirlo – pasando el rato. Pensé en llamar a la policía, porque Alberto tiene veinte años, pero Flora era una menor. No lo hice. Ahora lo lamento. – No es posible… No es cierto, se ha confundido. Me miró con pena. – Puedo equivocarme, claro. Pero, el escenario de un crimen siempre habla por sí mismo y, si sabemos escuchar, podemos reconstruir lo sucedido aquí, esta noche. Resulta bastante lógico suponer que Flora quedó contigo, pero también con Alberto, para organizar una escena y dejarte claro cómo estaban las cosas – dio un par de pasos a un lado, moviendo la linterna, dirigiendo la luz a distintos puntos, a medida que hablaba – Se encontraron aquí, y, en algún momento, empezaron a discutir. Hay rastros de un forcejeo. Quizá él quería dejarlo y Flora le amenazó, y te puedo asegurar que podía ponerle las cosas muy difíciles, de decidir denunciarlo. Él cogió una piedra, esa… No está tan firmemente incrustada en el suelo como las otras. Creo que la cogió, golpeó, y luego la volvió a dejar, colocando encima la cabeza del cadáver, intentando de forma poco hábil simular un accidente. – Pudo serlo… – No. Al margen de lo demás, mira las manos de Flora – las enfocó con la linterna – Las uñas tienen restos de piel y sangre, y hay algunos cabellos en la derecha… Pruebas que indican una lucha y que me temo que señalarán directamente a Alberto – empecé a llorar, no pude evitarlo. El señor Barea me cogió por un brazo y me condujo hasta un gran tronco caído, donde me senté. Él se acomodó a mi lado, me dio su pañuelo, y dejó que me desahogase. Creo que hubo un momento en que acercó una mano para acariciarme el pelo y consolarme, pero se contuvo – Blanca, hay algo que me intriga – preguntó, al cabo de un rato, cuando estuve más calmada – Has llegado y me has visto aquí, con el cuerpo, pero no has tenido miedo de mí. En ningún momento has pensado que yo pudiera ser el asesino. ¿Puedo preguntar por qué? Consideré si debía responder a eso. – Porque sé que es usted mi padre – reconocí, finalmente. El señor Barea parpadeó. – ¿Cómo lo has descubierto? ¿Te lo ha dicho tu madre? – No. Ella jamás le menciona. Yo… les he visto, hablando. Y lo supe, la primera vez que me miró. Lo vi en sus ojos, brillaban, estaban llenos de emoción – él no dijo nada, pero sus ojos volvían a brillar – ¿Por qué nos abandonó? – ¿No has oído los rumores? No soy tan buen detective… Tardé mucho en encontraros – añadió, con sarcasmo dirigido a sí mismo, y luego bufó – El asunto es más complicado de lo que parece, y creo que debe ser tu madre la que te lo explique. Asentí. Demasiadas noticias, demasiadas sorpresas. Y, esa noche, mi pequeño mundo de adolescente ya se había tambaleado hasta los cimientos. Apoyé la cabeza en su hombro y guardamos silencio, velando el sueño de Flora. . TERCERA ÉPOCA
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Madre nos dijo una vez que, en el Mundo Oscuro, sueño y realidad son una misma cosa, igual que lo son sueño y pesadilla. Creo que pensaba que no la escuchábamos y no sé si lo hacían mis hermanos. Yo sí. Siempre la escuché, siempre medité sobre las cosas que decía, aunque carecieran de sentido. Madre era sabia, casi tanto como Dios.
Por eso, lo soñé y lo conté. Carlos y Madre lo aceptaron y, juntos, personifican la ley en el Mundo Oscuro. Si lo conseguimos, si logramos matar a Dios, alcanzaremos la luz. Seremos libres, prometió Madre.
Debe ser importante, ser libre…
Pero tengo miedo. En mi sueño, las cosas no eran exactamente así, Madre no miraba fijamente el techo, como fascinada por la luz mortecina de la única lámpara. Hace ya dos días que no se mueve, envuelta en un nido de sábanas húmedas y revueltas. Está muy pálida, y ha empezado a emitir un olor extraño…
– Da igual – decide Carlos, impaciente. Es el mayor, y casi tan alto como Dios. Si no escupiera sangre, sería la única ley, con poder incluso sobre Madre. Pero tose y siempre, hasta ahora, ha pensado que no puede oponerse a Dios. Por eso considera importante mi sueño y no quiere esperar a otro, porque le ha dado las fuerzas y la motivación que no esperaba llegar a conseguir nunca. Victoria o derrota, ha dicho, da igual lo que venga, será bienvenido. Y será inmenso, colosal, se extenderá por cada pared, rebotando en cada rincón, en cada ángulo, cambiando definitivamente el Mundo Oscuro y sus criaturas. Madre. Él, yo. Elena y Rosa, sentadas en el suelo, aferrando sus muñecas rotas. Yo jugué con esas muñecas… Bueno, con casi todas. Una de ellas, fue un regalo de Dios a Elena cuando llegó el momento, por dejarse bendecir sin gritar demasiado. Elena no es lista – Tenemos que hacerlo, y está a punto de llegar.
– ¡No es el sueño, no es así como lo soñé! – insisto – Debo volver a…
Carlos se aparta, tumba una silla, y la rompe con un golpe del pie, desafiante. Intento evitar sus ojos. Ya hace tiempo que me mira como me mira Dios. No soy tonta, aunque lo simule. Eres guapa. Hazte la tonta, decía Madre. Babea, tose, vomita… Si babeas, Dios no te tocará. Y yo lo hacía, y me arrastraba como una bestia por las sombras del Mundo Oscuro cada vez que se abría la Puerta Alta, y nos inundaba la luz del Mundo Brillante. La naturaleza de Dios es aterradora, y la primera vez que se detuvo en mí aquella mirada, supe que era mejor huir. Por eso no me encontró. Por eso encontró a Elena, y la bendijo, y es ella la que ahora está hinchada y deforme, podrida por dentro, esperando otro pecador…
Crujidos metálicos. Miramos hacia la escalera.
Allá arriba, la Puerta Alta se abre, nos inunda la luz… ¡Es tan intensa! No puedo mirar directamente, nadie puede. Nos agitamos en los restos desgarrados de nuestra penumbra, como gusanos perturbados por fuerzas descomunales. Parpadeo, retrocedo, me encojo, pero no dejo que el miedo me domine, no quiero perderme nada. Si Dios va a morir, quiero verlo. Quiero disfrutarlo y patearlo, arañarlo, morderlo… Suele decirnos que él nos concibió y que, por eso, hubiéramos podido ser perfectos, hubiéramos debido serlo, pero pecamos. Pecamos siempre, incluso antes de nacer. El nos atrapó en el Mundo Oscuro y nos castigó, por nuestro bien.
La silueta negra de Dios parece desbordar el quicio de la puerta. Sólo cuando la cierra y empieza a descender por la escalera, surgen las texturas, los colores, los detalles. Los ojos encogidos en pliegues, la boca forzada por la eterna mueca de desagrado, la gran nariz aguileña… Anchos hombros, robustos, aunque ya se curven por el peso de los años; manos grandes, capaces de hacer mucho daño…
Aterrador.
Lo soñé, soñé que se podía matar a Dios. Que los dioses sangraban y sufrían, que sus cuerpos podían pudrirse en la oscuridad, como nos pudrimos nosotros.
Soñé que pecadores y dioses no se diferencian tanto, que todo es una pura cuestión de fuerza.
Es verdad que, en mi sueño, mil detalles eran sutilmente distintos, pero Dios bajaba así, exactamente así… ¿O estoy recordando cualquier otro momento, una de sus muchas visitas? No sé qué es sueño, no sé qué es realidad, pero no importa, ya lo dijo Madre.
Todo es lo mismo, en el Mundo Oscuro.
Carlos contiene la respiración. A su espalda, sujeta con más rabia una de las patas de la silla rota. La va a utilizar como arma.
En el sueño… en la realidad…
La madera rasgará la piel del Dios, aplastará los divinos huesos. Golpes, golpes y densos regueros de sangre perdiéndose en la negrura. Y, entonces…
Pero, no. El plan soñado vuelve a quebrarse, rasgado por un grito.
Elena está de pie, tensa, la boca abierta desaforadamente, los ojos dilatados en una expresión de absoluto espanto. Algo oscuro y viscoso se desliza por sus piernas, mancha la suciedad del suelo, lo llena todo con un olor dulzón y denso. A su lado, Rosa la mira aturdida, con una muñeca sin cabeza entre las manos.
– ¿Elena? – dice Dios, y parece repentinamente nervioso, como si el grito le hubiese arrebatado todo su poder. El caos siempre se extiende rápido por el Mundo Oscuro. Uno a uno gritamos todos. Dios retrocede, va a irse, pero tropieza en un escalón y cae, deslizándose hacia abajo por la escalera.
El desenlace es el mismo del sueño, aunque sucede de un modo distinto.
Carlos reacciona, aprovecha la oportunidad, corre hacia él; lo cierto es que no sé si es Carlos. Lo dudo. Al otro lado de esos ojos terribles no puede haber nada realmente vivo.
Matar un Dios es una tarea peligrosa y sucia. También grita, pero ya no asusta igual. Por primera vez, mis entrañas no se estremecen con el poder de su voz.
Golpes, golpes, y densos regueros de…
Cuando, finalmente, Carlos se detiene, es porque está agotado. Jadea, cubierto de sangre y sudor. Yo me acerco a los restos de lo que fue un Dios y los pateo con saña. Otra vez. Otra. ¡Qué satisfacción! Una deliciosa sensación de victoria me embriaga. Quiero seguir golpeándole, pero Carlos me sujeta por los brazos, arrebatándomelo todo. Me mira, y vuelve el miedo.
– No. Olvídalo. Ahora, sólo quedamos nosotros – dice. Parece una promesa. Tiemblo, mientras pienso que debo soñar cuanto antes con la muerte de otro Dios.
Carlos vuelve abajo, murmurando entre dientes. Dudo sobre qué hacer, y opto por dirigirme hacia el Mundo Brillante. Espero de verdad que exista algo allá. O que no exista nada, y que esa nada nos mate.
Subo poco a poco, y empujo la Puerta Alta. Se resiste, pesa, pero insisto con fuerza, hasta girarla. Entonces, el resplandor me deslumbra, el miedo me aturde y me tengo que obligar a cruzar. Así descubro que la Puerta Alta es una especie de armario por el otro lado, y da a una sala grande, con baldas y una mesa. Tablas y objetos de madera. Herramientas de metal. Virutas. Huele bien.
En un lado de la habitación hay otra puerta, que se abre justo en ese momento. Un hombre asoma la cabeza. Me mira, sobresaltado, y me sorprendo al pensar que tiene los ojos de Madre. Sus pupilas, llenas de alarma, van varias veces de mí a la Puerta Alta, que vista desde aquí es un Umbral Negro. Finalmente, reacciona, da media vuelta y se marcha corriendo. Le sigo, intrigada, hasta una habitación amplia, limpia, llena de muebles relucientes. Una distorsión luminosa y bella del Mundo Oscuro.
Hay una mujer. Al verme, se lleva la mano al pecho y grita. Es… extraño, el sentimiento que experimento, mirándola. Aunque está cubierta de arrugas, su rostro tiene también un evidente parecido con el de Madre. Más allá, el hombre al que he perseguido, habla solo, sujetándose algo en una oreja.
– Sí, por favor, manden una patrulla. Es el taller de mi padre, al parecer hay una puerta oculta tras un armario. Vi algo, quizá un sótano, del que yo no tenía ni idea, ni mi madre. ¡Y está saliendo gente!
Mi atención deriva hacia la imagen que hay en una mesita. En ella, aparecen cuatro personas y reconozco a Madre en una niña de sonrisa alegre, con el pelo largo y negro. A su lado, puede verse al hombre que ahora habla solo, también mucho más joven; y tras ellos, abrazados, están Dios y la mujer que grita.
Carlos entra en la habitación, con Madre en brazos, delgada, fría, muerta. Y el horror del Mundo Oscuro inunda por completo ese hermoso lugar, como un río de aguas pestilentes.
Cuántos gritos…
– ¡No puede ser, mamá! ¡Mi hermana se marchó, se escapó de casa! ¡Tú recibiste sus cartas, no tiene sentido…!
– ¡Dios mío! ¡Luisa, mi niña! ¡Estaba aquí, estaba aquí todo el tiempo!
Las voces se entrelazan una y otra vez, diciendo cosas que no entiendo, ni me interesan. Me siento aturdida, con tanta luz, tantos ruidos. Y también aquí sueño y realidad se confunden.
Tiempo. Entran varios hombres. Todos visten igual. Hablan, y algunos descienden al Mundo Oscuro. Eso les cambia. Ya no son los mismos tras cruzar el Umbral Negro. Cuando regresan, sólo uno vomita en un rincón, pero todos parecen espantados.
Veo a Elena, arrodillada, dolorida por lo que quiere salir, eso que crece y la hincha. Veo a Rosa, caminando sin rumbo; arrastra por el suelo la muñeca decapitada, que deja un rastro de sangre en la resplandeciente madera. “¿Qué va a ser de nosotros?”, me pregunto, en un único rapto de lucidez. No sabemos qué hacer con la victoria sobre Dios, ni cómo sobrevivir en este mundo extraño de luces intensas en el que somos todavía más vulnerables.
Carlos tiene el rostro manchado de sangre, los ojos de lujuria. En la boca, lleva marcada esa expresión seca y decidida que ha heredado de Dios. Pero yo ya no le temo, ya no tengo por qué hacerlo. Percibo su frustración. ¿Cómo no me di cuenta antes?
Es él quien ahora me teme a mí.
Ahora sabe que mato Dioses con mis sueños.
Universo Delta
Por Diaz de Tuesta - Ciencia Ficción, Concursos Novela, Fantasía, Literatura, Novelas, Opiniones y Comentarios, Relatos, Romántica, Terror - 6/ago/2009
Universo Delta es un estupendo proyecto del escritor Iván de los Ángeles Company, con el que intenta apoyar la publicidad de sus libros y, generosamente, la de sus compañeros escritores.
Cada libro, con datos y documentación suficientes como para hacérselo conocer al usuario de la red, protagoniza la portada de Universo Delta durante un tiempo.
Pero, lo mejor, es dejar que sean las palabras del propio Iván de los Ángeles Company las que expliquen el proyecto, y los requisitos que se piden para poder aparecer allí y formar parte del proyecto, por si alguien está interesado en ponerse en contacto con él.
Si eres un lector, y ves una novela que te interese, recuérdala cuando estés buscando algo para leer. Hay muchos libros buenos esperando ser leídos, pero que no terminan de llegarte porque no responden a “intereses editoriales”.
Y, más allá de comprarlos y leerlos, recuerda promocionarlos y ayudar en general a que los que no disponemos de acceso a la gran maquinaria publicitaria que respalda otros libros. No te dejes seducir por los cien mil anuncios del título de moda, ayuda con tu colaboración a la auténtica cultura.
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Seguro que, por aquí de muchos es sabida mi inquebrantable voluntad promocional en lo que a mis libros respecta (y también cualquier obra que me guste).
La cuestión es que tengo iniciado, desde hace ya unas semanas, un proyecto de promoción online que podría interesaros, bajo el nombre de Universo Delta. Para este proyecto sin ánimo alguno de lucro me gustaría contar con todos vosotros, escritores de novelas de cualquier género.
Asi pues, ofrezco publicidad gratuita de sus novelas a todos los que me lo pidan, y que cumplan estos requisitos:
1-Que su obra sea del género NOVELA, sin importar el subgénero (terror, fantasía, romántica, etc)
2-Que la extensión de la misma, y su calidad ortográfica y formal, sea, como mínimo, decente. (Dado que he recibido algunas con ínfima extensión, a partir de ahora establezco el límite mínimo en 60 páginas)
3-Que tenga una portada propia. Las prefabricadas de bubok son respetables, pero teniendo en cuenta que fotolog es un sitio fundamentalmente visual, y que no quiero que haya 2000 entradas iguales, pongo el veto rotundo a libros con portada predeterminada.
Si tu obra cumple con estos requisitos, postea aquí o manda por e-mail a universodelta@gmail.com (con el asunto: FOTOLOG) lo siguiente (MÁS SENCILLO, IMPOSIBLE):
1-Una imagen de la portada de tu novela (Se recomienda grande y en buena calidad, para atraer la atención de los fotologueros)
2-Un link a tu obra en bubok, y cualquier otro enlace que te interese. (nota: asegúrate de que la ficha de tu libro contiene una sinopsis)
De forma totalmente desinteresada, ofrezco la siguiente forma de promoción:
1-UNA SEMANA COMPLETA durante la cual tu libro estará en primera plana de la página, de forma totalmente destacada.
2-Como mínimo, tu libro aparecerá durante cinco semanas en la página principal, estando visible la portada.
3-Por siempre jamás, tu libro se podrá encontrar en el archivo del fotolog, y se podrá acceder a la entrada que le tocó en cualquier momento.
Este fotolog, pese a no recibir comentarios en exceso, tiene una base de gente interesada más o menos estable (unos 20 fotologueros) que van siguiendo las entradas una a una. Esta base va creciendo poco a poco, y con la ayuda por ejemplo de gente como mortfan (cuya cuenta de fotolog ya enlazó a la de UD), este proyecto va creciendo. Si quieres promocionar tu novela, anímate: es gratis y no cuesta ningún esfuerzo. Y si quieres crearte una cuenta fotolog y apoyar con ella el proyecto, comentando, recomendando la página, etc, aún mejor. http://www.fotolog.com/universo_delta
Relatos en la Red: Textos Varios
Por Diaz de Tuesta - Relatos, Rol, Textos Rol - 15/jul/2009

Cartelera de la Partida de Rol-Película "Una antigua Línea Negra"
He creado una nueva sección llamada Relatos en la Red: Textos Varios, para poder incluir los textos que no encajan del todo en las otras categorías, porque su origen está en las partidas de rol.
Que nadie se llame a engaño. Una partida de rol puede prepararse en diez minutos, con cualquier tontería de punto de partida, y una partida de rol puede prepararse a lo largo de meses, con una trama tan compleja y cuidada como la de una película o una novela. De hecho, al estar así, cuidadas, luego son susceptibles (con los cambios evidentemente necesarios, por la diferencia de medio) de ser integrados en las Sagas Oníricas.
Dentro de estos Relatos en la Red: Textos Varios estarán organizados los Diarios de los Owend’Aruum. ¿Que quiénes son? Individuos fascinantes, siempre en la línea marginal entre lo real y lo fantástico. Si quieres saber más, visita la página de Rol en Red, su Comunidad, y/o lee las Sagas Oníricas. No te arrepentirás de nada de ello.
Relatos en la Red
Por Diaz de Tuesta - Ciencia Ficción, Fantasía, Relatos, Terror - 9/jul/2009
Una sección, dentro del apartado de MI OBRA, dedicada a publicar en la red los relatos que he ido escribiendo a lo largo de los años. Algunos, son realmente terribles, de los lejanos tiempos en los que me peleaba con estilos y modos, pero no tiene mayor sentido corregirlos. Además, me da pena, tiene su encanto juvenil, y sirven para poder ver cómo ha ido evolucionando la cosa.
Otros pertenecen a una etapa intermedia, y los fui encuadrando en lo que ahora se conoce como Historias de Oniria. Relatos de fantasía localizados en el Continente Oniria, que sirven de entretenimiento y para hacerse una idea de cómo es el Mundo Ynnhië, y de su propia cultura (al ser relatos que cuentan sus trovadores y bardos).
Si tienes un ratillo y te apetece leer algo, ahí están, espero que los disfrutes. Si te gusta alguno, hazme un favor, lo único que pido: pon un comentario al pie de su página.
Recuerda que los relatos se ofrecen bajo licencia CC Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported
Terror
Por Diaz de Tuesta - Novelas, Terror - 25/jun/2009

Terror para quienes disfrutan con el género.
Signos para la Noche, dividido en dos partes, El Imperio en el Crepúsculo y De un largo Sueño Negro… es una historia de vampiros localizada en el Bilbao actual. Y, no, no te hagas ideas preconcebidas, no se parece en nada a lo que has leído hasta ahora sobre el tema. Seguro. Te apuesto lo que quieras. Eso no significa que no haya sangre, vampiros, terror, situaciones estremecedoras, personajes espeluznantes, y muchas emociones. Significa, sencillamente, que es original.
Y, Vocales de Próspera, es una incursión en el género del terror en literatura juvenil. Una buena novela que encantará a los jóvenes de todas las edades.
Juvenil
Por Diaz de Tuesta - Novelas, Terror - 25/jun/2009


Para mi sobrina, Sarah, escribí varias novelas en su momento, hace varios años ya.
Creo que me quedaron bastante bien, y han gustado a lectores de diversas edades. Las temáticas, no pueden ser más diversas: Tartessos XV: Nave de Enlace, es pura Ciencia Ficción, Princesa de Doreldei fantasía con grandes aventuras, y Vocales de Próspera se sumerge en un terror peculiar, algo que siempre queda en la línea entre el Mundo Real y el Mundo Mágico.Todo ello, con grandes dosis de imaginación, y en un estilo que intenta ser llano y divertido, puesto que está dirigido a lectores a partir de los 12-14 años.
Viaje al centro de la tierra, Los Hijos de Capitán Grant… esa clase de lecturas, pero escritas aquí, originalmente en español. Prueba a acercarlas a tus hijos, descúbreles el tesoro de la lectura. Es uno de las mejores cosas que puedes darles.
El regalo ideal para jóvenes a los que les gusta leer, y más aún, a jóvenes a los que les gusta escribir. Así verán que siempre hay posibilidades de intentarlo, pese a lo cerrado del mercado editorial.
Saludos, lector ;D
Por Diaz de Tuesta - Novelas - 23/jun/2009
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Saludos, seas quien seas, bienvenid@ a mi blog. Coincido contigo en que, quién soy, no es algo que pueda interesarte demasiado. Dejemos las cosas en que nací en Bilbao y he pasado buena parte de mi vida leyendo y, sobre todo, escribiendo, y que me alegra mucho pensar que puedas estar ahí, intrigad@, preguntándote cuál ha sido el resultado de tantas horas pegada al teclado.
Ahora, que mi obra hable por mí ;D |
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