Archivo etiqueta Mis Relatos
Oxígeno
Por Diaz de Tuesta - Generales, Mis Relatos, Mis relatos - Ciencia Ficción, Relatos - 13/jul/2012
PRIMEROS RELATOS |
Una sombra en la carretera
Por Diaz de Tuesta - Mis Relatos, Mis relatos - Terror, Relatos - 12/jul/2012
PRIMEROS RELATOS |
Bala perdida
Por Diaz de Tuesta - Mis Relatos, Mis relatos - Fantasía, Mis relatos - Histórico - 11/jul/2012
Decí
an que, desde que se topó con aquella bala perdida que le abrió el cráneo, estaba incapacitado para soportar las alturas. A excepción de sus médicos, o su hermano Lothar, nadie se había atrevido a decírselo a la cara, desde luego, pero podía leerlo en sus ojos, y lo susurraban en la cantina, en los despachos, en pasillos y hangares… Absurdo. Si él tenía realmente un sitio en el mundo, si había nacido para algo, era para estar allí, en aquel lugar de nadie perdido entre el cielo y la tierra, donde las distancias, posiciones y velocidades siempre estaban a punto de cambiar. Lo había contado durante la convalecencia, en su libro “El Piloto Rojo”: volar, para él, era una necesidad imperiosa, la búsqueda de una consecuencia para su vida. Como navegar para un marino, o escribir para un escritor.
Manfred acarició pensativamente el punto donde había estado aquel minúsculo trozo de metal que tantas cosas había cambiado con un golpe, un dolor abrasador y un bautismo de sangre. Le resultaba difícil encontrar una forma de describir correctamente aquella especie de salto evolutivo que había experimentado. Era como si el destrozo en el cerebro le hubiese procurado una nueva percepción, una claridad superior de pensamiento. Antes, era ciego e ignorante, como todos; ahora, “sabía”. Tenía meridianamente claro que no iba a ver el final del conflicto en el que se hallaba envuelto, la llegada de la paz tras aquella guerra devastadora que no respetaba horizontes.
La Noche de Otro
Por Diaz de Tuesta - Mis Relatos, Mis relatos - Fantasía, Relatos - 10/jul/2012
SEGUNDA ÉPOCAAño: Década de los 90 Relato ofrecido bajo licencia CC Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported Enrique despertó de un sueño lleno de luz, de esos que luego le gustaba conservar. ![]() La Noche de Otro – Díaz de Tuesta En él, había estado paseando con sus padres, y con sus cinco hermanos y hermanas, por la vieja vereda que serpenteaba junto al Río Irt, sintiendo el aire fresco golpear con fuerza contra su cara, y el roce juguetón y cariñoso del hocico de su perro, Karu, en las rodillas. Había podido oír con claridad el murmullo milenario de la brisa agitando los cañaverales, y oler la tierra húmeda, y los jazmines que llevaban su madre y sus hermanas en el pelo, y el intenso aroma del tabaco que ardía en la vieja pipa de madera negra que fumaba su padre. En su sueño, era la hora del crepúsculo; el cielo, rojo sangre, se reflejaba sobre las quietas aguas del inmenso río, volviéndolas de fuego, dibujando en líneas púrpura las estelas dejadas por las formas oscuras de los cocodrilos. Oyó el graznido de algunos patos, en la lejanía. Alzó la cabeza, para verlos volar, muy alto, agrupados en una punta de flecha con sabor a aventura, señalando hacia algún lugar muy lejano. Su padre, diplomático darkeno, destinado desde hacía varios años en aquel remoto punto del Bostan al Sa’Adat, el Jardín del Gozo originado por el Río Irt en El Ta’Nnari, le pasó un brazo por los hombros, y le dijo cuan orgulloso se sentía de él, y cuánto le apenaba que tuviera que irse, pero que lo hiciera, ya que no podía refrenar el impulso. Su madre, ocultando su tristeza, se limitó a sonreír, con aquella dulzura que tanto amaba. Quería ser Caballero de Arianna. Quería empezar una vida de aventura y perfección, que aportara algo bueno al mundo. |







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